Una de las mayores diferencias entre los que consiguen grandes objetivos en su vida y los que van “raspados” es que los primeros asumieron hace mucho que son responsables por cada cosa que hacen (incluyendo las que omiten hacer voluntariamente). Nadie puede hacernos alcanzar el éxito y nadie puede impedir que lo alcancemos. Salvo nosotros mismos.
Tomar la iniciativa supone asumir un papel de “liderazgo”, lo queramos o no, y por lo tanto supone ponerse como blanco de las alabanzas y las críticas. Pero esta estrategia, tomar la iniciativa, probablemente sea la única forma de conseguir el respeto de los que están con nosotros, de los que dependen de nosotros y de alcanzar nuestros objetivos como personas.

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