Suena a psicología barata. Parece que es coña. No es una idea mía (es de Napoleon Hill). Pero la comparto completamente. Y aunque no coincida exactamente con lo que se espera de un blog tirando a sesudo y técnico como éste, me permito incluir este comentario porque en momentos de desesperanza y de “no ver la luz” quizá sean las ideas fáciles, las rutinas que casi van solas, las que nos pueden echar una mano de valor incalculable.
Y si ésa era la justificación, aquí viene mi comentario al respecto. No hay nada como una tarea, un trabajo fácil (quiero decir, que no requiera la adquisición de nuevos conocimientos, sino que sea algo que sabemos hacer, aunque sea una tarea compleja) que sea capaz de absorvernos en ella para recuperar perspectiva y ritmo suficiente.
La grandeza de esta sugerencia reside precisamente en el distanciamiento de aquello que nos preocupa (aunque sea por un tiempo corto) y que hace que nuestra vida se vea como un desastre. Distanciamiento que conseguimos con la concentración en esa tarea.
Es conveniente que aprovechemos ese distanciamiento para, una vez ganado impulso, volvamos sobre nuestras preocupaciones para darlas solución. Es un error muy frecuente enfrascarnos en la “calidez” de nuestra tarea salvadora, olvidarnos de nuestro problema y que se nos cuele de nuevo aprovechando que bajamos la guardia (habitualmente por la noche o tras una sesión de relajación).
Y también es frecuente continuar enfrascados en tareas, una detrás de otra, porque sabemos que ahí encontramos refugio, sin dar solución a nuestras preocupaciones (esperando que desaparezcan solitas). El célebre “morir matando”. Creo que es el error más frecuente entre los emprendedores y empresarios en momentos de crisis. Repito. La tarea que elijamos debe servirnos exclusivamente para darnos distancia. Ganada ésta, debemos atacar y dar solución a nuestra preocupación, prioritariamente.

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